LA SATISFACCION

 

Hay quienes no entienden. Nos miran con ojos raros, se preguntan cómo es posible, por qué, si estaremos locos o si seremos unos frikis o simplemente estamos inmersos en un delirio romantico (ni puta idea de lo lejos que estoy yo de eso), utopías y otras tonterías. Alguno me pregunta si soy consciente de que si en lugar de haberme dedicado a defender extranjeros, me hubiera entregado a otra especialidad más lucrativa, estaría “montado en el dolar”, cosa que yo dudo, porque para todo hay que valer, pero se agradece la valoración. En cierta ocasión una “compañera” un poco obsesionada por su negocio me preguntó qué hacía falta según yo para ser un buen extranjerista, y cuando le dije que había que tener una especial sensibilidad y vocación por los derechos humanos, se me descojonó descaradamente y me dijo que era patético. Así está la cosa.

 

Tampoco busco comprensión, ni mucho menos ya, con los años que me van cayendo, proselitismo de mi forma de ser y de entender la vida. Pero tampoco está de más explicarse, más que nada porque, por muy “peculiar” que uno sea, la comprobación cotidiana de los síntomas de locura, estupidez, obsesión, delirio, y sobre todo falta de un mínimo de racionalidad humana, lo que no voy a aceptar es que me digan que estoy loco. Quizá, visto el percal, de lo poquito cuerdo que va quedando por ahí.

En mis anteriores páginas he hablado de estrategias, enfrentamientos, batallas, sangre, sudor, lágrimas, compañerismo… Hoy hablaré de algo tan prosaico como la gasolina. Cualquier estratega que se precie sabe que sin una intendencia adecuada y un suministro continuado de víveres, y sobre todo, de gasolina, el ejército más chulo se convierte en dos patadas en un montón de hierros inservibles. Así que sin gasolina nada. Esto no es una guerra que se haga a caballo, y digamos que estamos en la transición entre esas viejas batallas donde era importante el agua y la yerba, y las del futuro, que se harán solas por ordenadores en redes y nubes eléctricas. Aquí todavía cuenta, y todo, el factor humano, y nos hace falta gasolina.

 

En un durísimo momento de mi vida sentí que me faltaba la gasolina. Llovían las tortas, los sinsabores, la injusticia estaba implantada con una fuerza sobrehumana, tanta que se la veía crecer por momentos, el sufrimiento se hacía cada día palpable, y los esfuerzos eran siempre enormes pero insuficientes. La sensación de impotencia, de luchar contra gigantes, o contra los elementos, se decantaba día a día en un poso de duda, en unas heces oscuras de inhumanidad. Mantuve el tipo hasta que se hizo un poco de luz y el motor, acumuladas esas impurezas, se atascó. Y sólo me sacó de allí una inyección de gasolina limpia.

Hoy he tenido una de esas inyecciones, así que quizá pueda explicar lo que es nuestra gasolina. No sólo no he ganado un duro, sino que he estado trabajando gratis durante casi dos días. Ayer me llamó un amigo que colabora asistiendo a los internos del CIE y me dijo que había un menor, un niño solo, eso que llaman MENAS, al que la fiscalía de donde fuere había dado por mayor de edad con la maldita prueba que he comentado en otra entrada de este blog, enormemente falible pero muy barata, de radiografía de muñeca. Sin documentos de ningún tipo, que había perdido en el viaje. Papelón. A ver qué hacemos. De perdidos al río. Por intentarlo que no quede. A currar. Retomo la fórmula que me dió buen resultado en otra ocasión, pero tengo que cambiar la perspectiva por completo: refrito de textos, que nunca viene mal, pero metiendo novedades por todas partes. Estudiar. No hay tiempo. Afortunadamente sé dónde buscar y ando a hombros de gigantes. Listo. “Solicitud de revocación de determinación de edad de un menor por manifiesta irregularidad en los métodos, dirigido a la fiscalía de guardia del menor”.  Como dicen en mi pueblo: con dos cojones. Tampoco es que me jugara mucho, no me voy a hacer el héroe aquí, y que me digan algunas lindezas o intenten socabar mi prestigio es algo que me resbala bastante, pero me queda cierto miedo a la peor de las tortas que uno se da en esto: que después del trabajo, el esfuerzo, la apuesta, todo quede en nada, no sirva, te vengan con un subterfugio, te eludan, te toreen como pobre bestia. Uno ya tiene sus instrumentos y lo pone difícil, pero noto que voy con una cara de poker que no es la mía, que no me quiero ilusionar, para no amargarme de desilusión, que no me engaño para no desengañarme. Y los nervios, el temor al fracaso sabiendo que es tan caro para otros, la mano de mi amigo Jordi debajo de la mesa intentando parar el temblor de mi pierna.

Y al final, al menos esta vez, la gasolina. La cara del chaval cuando le dicen que va a salir del CIE, que las pruebas ratifican que es menor de edad, que no lo van a devolver a ese antipresente y antifuturo del que viene,  el abrazo que me da, eso que no se puede cuantificar y que, si sirviera para pagar facturas, hoy sería rico: la satisfacción.

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3 comments

  1. Will · julio 18

    There is certainly a lot to find out about this issue. I like
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  2. LOURDES ETXEBERRIA · julio 14

    Paco me encanta como escribes y me encanta leerte, mientras te leo visualizo en mi mente tu relato, te veo nervioso pero igual hoy sale…. Veo al chiquillo abrazandote y tu cara de satisfaccion. No te lo pierdas estoy sonriendo mientras escribo, gasolina y lo que haga falta por unas sonrisas

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  3. Granero · julio 14

    Lo que Paco llama “gasolina”, yo lo traduzco como “satisfacción personal”, y, parafraseando a un profesor de Derecho procesal penal de la Universidad de la Habana, aunque colocando “extranjerista” donde el escribe “revolucionario verdadero”, me atrevo a decir que “para al extranjerista el mejor premio de su trabajo es la satisfacción del deber cumplido”.
    En no pocas ocasiones no sólo son los compañeros de profesión quiénes no entienden la “vocación” de los “extranjeristas”, sino que nuestros más allegados y familiares nos reprochan que en nuestra especialidad no prime el factor crematístico –que nos importa, claro, pero que no es lo que más nos importa- y que seamos una especie de “Quijanchos” y “Sanjotes”, más preocupados por la defensa de los derechos humanos de uno de los sectores más desfavorecidos de la sociedad –los extranjeros “sin papeles”, que si se trata de mujeres y/o de menores su indefensión es aún mayor- que por la remuneración que se pueda percibir.
    Por cierto, en los meses de Junio y Julio de 2.016 ya son dos los casos en los que Solans ha destapado la minoría de edad de dos extranjeros internados en el C.I.E. de Valencia, y el pasado 24.06.2016 yo mismo intervine en un supuesto de un internado en el C.I.E. de Valencia que ha resultado ser menor de edad y en la actualidad se encuentra en un Centro de Recepción de Menores –curiosamente, tanto los extranjeros que resultaron ser menores de edad asistidos por Solans como el extranjero al que yo asistí habían sido declarados mayores de edad por un Juzgado de Instrucción de Almería-, y me pregunto –os pregunto- si no sería conveniente, con la finalidad de que se evidencie aún más la poca fiabilidad de las pruebas oseométricas y que se dejen de practicar, hacer un muestreo por todos los C.I.E. de España sobre cuántos extranjeros internados en los C.I.E. han sido declarados menores de edad.
    Un saludo:
    H. Granero.

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