LOS 11 PRINCIPIOS DE GOEBBELS Y LA PROPAGANDA ANTI INMIGRACION (y II)

Pues vamos con otra tanda de principios que definió aquel mago de la propaganda, aquel que consiguió que a una de las naciones más cultas de Europa se le hiciera el culo pepsi-cola oyendo al patán más zafio y macarra de todos los tiempos. Ahí es nada. Es curioso que el tipo, consciente como era de que todo era un montaje urdido, se creyera su propio discurso hasta el punto de que al momento de ver morir a su amado führer,  les dió cianuro a sus seis hijos, a su mujer y a sí mismo. La naturaleza humana no deja de sorprendernos.

Pero quedémonos con que ambas ideas no son incompatibles:  la idea de montaje propagandístico y la de que quien haga el montaje se lo pueda creer. O dicho de otra manera, nos enfrentamos a cínicos incólumes capaces de decir las mayores salvajadas sin que les tiemble la voz ni el pulso, pero también a majaderos que se creen el discurso y contribuyen entusiastas a su difusión como si fuera mensaje divino. Si queréis que me plantee quién de los dos tipos es peor, me lo planteo, pero no me llega la inspiración para responder.

Sigamos, por fin, con los principios de marras:

.- Principio de verosimilitud:

Recuerdo cuando un periodista avezado y con experiencia me llamó para preguntarme si era verdad que los chinos no pagaban impuestos los primeros años de poner un negocio, porque él no podía creerlo, pero ya le estaba llegando por tantos puntos que se lo había llegado a plantear. He llegado a expulsar de mi despacho a una clienta que me defendió esa misma falacia con encono y fruición, sentada al lado de su marido, extranjero y víctima él mismo del sistema legal de mal-trato a extranjeros. A pesar de asegurarle yo, reputado especialista en la materia, al que había acudido en busca de ayuda y consejo, que eso era una falacia, se negó a reconocer la falsedad del dato, respondiendo con único fundamento en que lo sabía “de buena tinta”. Y eso que en este punto concreto, si uno le pega un somero repaso, descubre que ni tan siquiera es verosímil. Pero en el contexto de una rápida asunción de pequeños negocios por la comunidad china, ya se obtiene ese punto que permite extender la falacia como mancha de aceite. Así que sólo habrá que buscar una pequeña apariencia contextual de veracidad de un dato, por falso que sea, para extender rápidamente la mentira: que vienen a robarnos los puestos de trabajo. Pues eso. Que aumentan la delincuencia. Ale, hop. Que reducen la calidad de la enseñanza. ¿Quién da más? Son afirmaciones falsas, corroborada su falsedad por estudios y estadísticas sin fin, pero que siguen extendiéndose como una mancha de aceite. Resultado de imagen de bazares

.- Principio de silenciación:

Al mismo tiempo que todo lo que se oye se extiende por redes sociales y va por el boca a boca, nadie se preocupa en destacar – o no desde luego en determinados medios – las recomendaciones de organismos internacionales (tan poco sospechosos de izquierdismo o buenismo como el FMI) por acoger a más inmigrantes debido a la auténtica sequía demográfica provocada por las fórmulas austericidas de salir de la crisis, o los cientos de estudios e informes que destacan lo saludable de la inmigración para tantos aspectos de nuestra economía, riqueza cultural, etc.

Sobre eso lo fácil es pasar un tupido velo y a seguir dando caña. La propaganda consiste, como hemos visto, en aprovechar el miedo, mentir con un disfraz de verdad, y callar lo que convenga.

.- De la transfusión:

El sustrato histórico del que bebe la anti-inmigración es el racismo. Cierto que hoy está muy desprestigiado. Los científicos se han encargado con argumentos contundentes de aclarar que hablar de razas en el contexto de desarrollo de la especie humana es un absurdo sin sentido, que la diferencia de adn entre lo que antes se consideraban razas diferentes no llega más que a unos pocos genes  sin trascendencia alguna. El cine y otros medios han puesto su indudable contribución en combatirlo. Pero me acuerdo de cuando se decía que España no es un país racista, mientras la Ley de Vagos y Maleantes incluía a los gitanos sin sonrojo.

El racismo, sin embargo, sigue siendo algo presente, bullente y bollante. Para que una doctrina científica, por cargada de razón que esté, llegue no sólo a la base sentimental del común de la población, y lo que es peor, a que esa base no sea utilizable electoralmente, me temo que deben pasar generaciones. Y mientras eso ocurre, el discurso se transforma, se transfunde, y de los elementos genéticos pasamos a los elementos culturales, para llegar a la misma conclusión perversa de incompatibilidad, pero sobre todo, de jerarquía: nosotros siempre arriba, eso sí. Resultado de imagen de racismo en españa

.- De la unanimidad:

Esa cara de sorpresa que pone tu interlocutor porque te niegas a ver lo que para él es evidente, esa presión de cuando te dicen “¿pero no te das cuenta de…?” ese calificarte de rojo peligroso o vendepatrias, o inconsciente, o incluso advertirte que “ya te arrepentirás”, la santa indignación de quienes vienen a venderte un discurso que no es más que una repetición de eslóganes sin hilazón alguna ni excesiva coherencia.

Pero también parte de ese principio la argumentación burda e incompleta de esa sentencia judicial o resolución administrativa, esa búsqueda forzada de dar la razón a quien no la tiene, esa falta de simetría tan injusta que consiste en ser enormemente comprensivos y flexibles con los “pequeños fallos” de la todopoderosa Administración, esa calificación de “meros formalismos” a los argumentos de quienes defendemos a los inmigrantes frente al apabullante poder del estado… llegando a perdonarle al Estado prácticamente todo… todo eso, que además no se explicita, porque se considera, de puro obvio, innecesario, viene de una determinada visión del “sentido común”, que únicamente tiene de común su poderosa capacidad de impedir el pensamiento y la reflexión.

 

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LOS 11 PRINCIPIOS DE GOEBBELS Y LA PROPAGANDA ANTI INMIGRACION I

Para no ser acusado de plagio, que está muy en boga, comienzo citando y agradeciendo un artículo impresionantemente clarificador que he leído en Publico,: http://ctxt.es/es/20180912/Politica/21718/Guillem-Martinez-Goebbels-propaganda-11-principios-politica-espa%C3%B1ola.htm de Guillem Martinez, y que da que pensar (que es lo mejor que se puede decir de un artículo de prensa). No quiero daros excesivo trabajo, pero conviene leerlo antes de proseguir con éste…., así que, tomaos un ratito, leéis el artículo y volvéis.

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Bien, pues haciendo honor a lo dicho, me he puesto a pensar, esa malsana costumbre, y me ha salido hacerme la pregunta de ¿qué pasaría si aplicamos los principios goebbelsianos (palabro que tomo de mi admirado Ramiro García de Dios sobre quienes dan por supuesto que quienes denuncian malos tratos en los CIES mienten sólo para evitar su expulsión) a la serie de discursos que uno tiene que oir y aguantar sobre inmigración? Oir y aguantar, digo, así, sin liarse a repartir mamporros entre tanto descerebrado ahíto de mala baba, que por eso uno es civilizado: o sea, porque me aguanto las ganas, no porque no las tenga.

Repasemos pues los 11 principios del andoba este que, el tipo, hombre, así buena persona pues no, que sería todo lo que podamos decir de él, pero de tonto por lo que se ve no tenía un pelo:

.- Principio de simplificación:

Es tan obvio que casi me da mala uva seguirle el juego, pero el propio englobamiento de infinitas realidades distintas bajo el único epígrafe de inmigrante es un ejemplo patente de la aplicación de ese principio. La cosa es tan grosera que últimamente incluso está decayendo la distinción entre inmigrante económico y refugiado político, esa cosa tan socorrida que en realidad no es más que una suerte de simplificación encubierta. Que si entre infinitas categorías muy diferentes, diferenciadas y diferenciables, todo lo reducimos a dos, pues tampoco es que nos estemos cubriendo de gloria. Pero lo que digo es que ya ni eso, no es que simplifiquemos a dos, es que ya les va a ocurrir como a la política europea de inmigración, que es tan extremista, que no le queda margen de movimiento. Porque simplificar más por debajo del uno, ya no se puede:  inmigrantes, o extranjeros, o lo que le salga al bruto de turno de su saco de neuronas – no muchas – que tiene en lugar de cabeza.

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.- Principio del método de contagio:

Los extranjeros, lo extranjero, es el único enemigo. Los bancos, las multinacionales, el capitalismo financiero ya tal. Por supuesto ocultamos que se trata del extranjero pobre, no el turista que viene a dejarse la pasta, y eludimos hablar de aporofobia, esa palabra tan fea que se han inventado los progres para insinuar que somos unos cobardes que preferimos dejarnos llevar por el miedo antes que pensar un poco. Y ahí hemos llegado a un punto neurálgico del asunto, el sustrato de toda propaganda, el quid de la cuestión, el meollo. El miedo. Un miedo estúpido al diferente por el mero hecho de ser diferente, un miedo cerval, atávico, profundamente irracional, enraizado el-miedo-al-contagioprobablemente en nuestro cerebro reptiliano, y que si uno no lo afronta con “ánimo, espíritu y valor”  es algo mucho peor que un pusilánime. Es un cobarde. (Véase las definiciones del DRAE de las dos palabrejas en cuestión).

A alguien que tiene miedo a volar le da igual un 747 que un parapente, a quien tiene miedo a los perros un caniche o un pitbull. Si consigues meter el miedo en el cuerpo, pues ya puedes explicar y razonar, que siempre estará la misma explicación: nosotros vs. ellos. Y a partir de ahí, el miedo.

.- Principio de la transposición:

¿Cuántas veces me han dicho que yo lo que quiero es abrir las fronteras y dejar que sea el caos? Digo yo que a mis cincuenta y tantos no estoy para que me digan qué es lo que quiero o no, pero parece que ellos lo saben mejor que yo. ¿Cuántas veces me han acusado de “buenista” queriendo decir con ello que mi buena voluntad me coloca fuera de la realidad? ¿Cuántas me han llamado extremista, cuando si analizamos las políticas migratorias de los distintos gobiernos no puede haber nada más extremista que los principios de inmigración 0, fronteras impermeables, expulsión de todos — ¡todos! – los llamados ilegales, y el largo etcétera de extremismos que define de arriba abajo las antipolíticas migratorias europeas de los últimos cuarenta años?.  Nada más fácil, y demagógico, que acusar al contrario de tener una paja en el ojo para ocultar la viga en el propio.

.- Principio de la exageración y desfiguración

Que llega el Aquarius y el Estado gasta unos euros… pronto saldrá quien afirme – sin fundamento alguno – las fortunas gastadas, los regalazos y subvenciones dadas. Últimamente he llegado a oir una “noticia” por la que Pedro Sanchez había pactado con la Merkel acoger en España cinco millones de inmigrantes que les sobran a los alemanes. Esto, por supuesto, no es ni tan siquiera exageración, pues la base del rumor fue un acuerdo – tímido y pacato — por europeizar la inmigración, algo que mal se puede convertir en que España reciba inmigrantes llegados del norte. Pero como vamos viendo, el segundo principio fundamental de la propaganda es un absoluto desprecio por la verdad. Para quien no tiene problema en mentir para conseguir sus objetivos, lo de exagerar es tan sólo un pecado venial.Resultado de imagen de el club de la comedia

Además la exageración, y no termino de entender muy bien por qué, hace mucha gracia, aunque se use sin mesura. Sin no cae en la redundancia, es decir, se exagera en exagerar, es cierto que resulta simpática. Probablemente desde antes que Quevedo se metiera con la nariz de Góngora, y no hay más que ver un día del club de la comedia para ver el fácil recurso a la hipérbole de sus guionistas y algunos supuestos cómicos de dudoso gracejo. Además si dices una burrada siempre te queda la defensa de decir que era una broma. Pero con esto pocas bromas.  Por favor.

.- Principio de la vulgarización

El ejemplo más elocuente de este principio fue el exitoso eslogan del “efecto llamada” creado por los gobiernos de Aznar y su ínclito ministro Acebes. Dos palabras, mensaje simple, sustrato repugnante (pero para ver el sustrato hay que pensar dos segundos, y eso no abunda)… Como técnica publicista está muy bien: condensado, contundente, fácil, memorizable, aplicable a un roto y a un descosido. Que sea falso… es lo de menos.

Si la simplificación era la reducción de los términos, la vulgarización es la búsqueda de que esa reducción, en lugar de ser esencial, sea burda, pierda toda realidad en aras a su majadería. ¡Qué gran éxito político cuando se concentra una realidad compleja en algo que hasta el más tonto crea que la entiende!

.- Principio de orquestación:

Lo del efecto llamada pasó a convertirse en mantra. Ahora se aplica a todo lo que un gobierno pueda hacer a favor de un inmigrante: la acogida del Aquarius…. Efecto llamada; la condena a España por las devoluciones en caliente… efecto llamada; la sanidad universal…. Eso.

Y además, como consiguen los eslóganes pegadizos, consiguen que el majadero de turno se lo apunte sin rubor, que queda bien, y se oye desde aquí, y se comparte por allá, y se lanza desde una tertulia, y desde una columnita, y acaban todos los borregos balando en curiosa sincronía. El director de esta orquesta no sale a recibir los aplausos, se contenta con recoger los votos y otros beneficios menos confesables.

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.- Principio de renovación o freírnos con noticias negativas sobre inmigrantes.

Aquello de “tres ladrones, uno de ellos marroquí, asaltan un banco” ya es un clásico. Los medios van colando noticias, unas veces pequeñitas, otras más gordas, con mayor o menor descaro. La reacción de algunos cuando lo de la “madrastra asesina extranjera” tuvo que ser parada en seco por la propia madre, y eso dice mucho en favor de la madre y poco en favor de los bocazas que ya salibaban. Siempre hay alguien dispuesto a señalar lo que por un lado es obvio y no necesita ser señalado, y por otro no tiene nada que ver con el fondo del suceso. “El asesino, de nacionalidad x”. Que a ver qué tiene que ver el pasaporte de uno para haber clavado un puñal. Si nunca se dice si el asesino es rubio o moreno, gordo o delgado, alto o bajo, por qué se tiene que dar en titulares dónde nació. Pero ahí va quedando.

Y como no me quiero enrollar demasiado, dejamos para otro día el resto de principios, hasta once, que no se diga que no aviso.

POLITICA MIGRATORIA EN POSITIVO. MAS ALLÁ DEL BUENISMO y II

Nos quedamos en la anterior entrega con que en esto de las migraciones, si a alguien se le puede llamar “extremista” es precisamente a los distintos gobiernos y políticas europeas que han controlado el cotarro, y que al haberse instalado en el extremo se dan cuenta de que sólo un paso más allá está fuera de la frontera de lo decente. Y coincidíamos en que en el terreno del discurso la llamada “Izquierda” no ha sabido articular su propio discurso, cayendo en la trama de que nos acusen de la paja en el ojo los que lucen lustrosa viga de roble e incluso algunos de sumarse a la histeria colectiva de esa vieja loca en que se está convirtiendo nuestra Europa.

Hora es por tanto de ir respondiendo y haciendo ver, en primer lugar, dos carencias esenciales de la actual no-política, que deben ser condiciones sine qua non de una nueva definición.

Los derechos humanos como requisito

Uno de los elementos más dolorosos del análisis de lo que ha sido durante todos estos años la orientación anti-política de las migraciones en Europa, y la conclusión de su fracaso, ha sido su falta de respeto a uno de los pilares ideológicos de la construcción de la Unión Europea: los Derechos Humanos. Se ha introducido en nuestro ADN un peligroso virus que considera que estos derechos son patrimonio de unos – los nuestros, los europeos — y no predicables de otros – los extranjeros –, virus que sin embargo no tardará en mutar para incluir en este otro estrato a cada vez más gente extraída del núcleo central. Hoy los mensajes xenófobos aluden a los africanos y asiáticos en Europa, pero el nacionalismo rampante de los partidos emergentes no tardará en denunciar a los italianos en Austria, a los franceses en Alemania, a los alemanes en Francia…

La construcción de una política de migraciones sobre los tres ejes señalados de contención, represión y discriminación ha dejado como principal víctima a una Resultado de imagen de derechos humanosconcepción humana de los derechos, centrada en el ser humano, e igualitaria para todos los seres humanos, que fue la que inspiró la redacción de la Declaración Universal de 1948 así como el Convenio Europeo de Derechos Humanos, y después la propia construcción de la Unión Europea. Tanto que suponen un auténtico reto para la naturaleza y viabilidad de nuestras democracias.

Los partidos políticos gobernantes –imbuidos de lógica mercantilista — creyeron que sus compromisos les ataban únicamente a sus potenciales votantes, lo que les desvinculó moralmente de quienes, al fin y al cabo, nunca iban a ser sus “clientes”, los extranjeros sin derecho a voto, y se dejaron llevar por la tentación de considerar que podían menoscabar los derechos de éstos, sobre todo si lo presentaban como una forma de defensa de los derechos de quienes sí podían beneficiarles con su voto. Ello condujo a la espiral descrita de contención/represión/discriminación, que además se fue extendiendo por el terreno laboral, administrativo, legal, de derechos civiles, penales, y con una peligrosa trascendencia al terreno electoral y político. La xenofobia, alentada y fomentada por esas mismas políticas, se ha convertido en un peligroso germen que se alimenta a sí mismo a costa de los valores democráticos sobre los que se construye Europa.

Ese menoscabo de derechos se puede resumir en considerar que el extranjero, tanto potencialmente el que se sujetaba a los exigentes procedimientos y cortapisas legales, como el llamado “ilegal”, se constituye como una especie de enemigo público, alguien que ha roto con su sola existencia el orden legal de la casa donde ha sido acogido, y que no merece sino un único castigo mayor, que es el de la expulsión, con espíritu draconiano y sin contemplar proporcionalmente cualquier consecuencia mayor o menor sobre su persona.

Se nos dijo en su momento que la conocida como Directiva de la Vergüenza, (DIRECTIVA 2008/115/CE DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DEL CONSEJO de 16 de diciembre de 2008 relativa a normas y procedimientos comunes en los Estados miembros para el retorno de los nacionales de terceros países en situación irregular (DOUE 24/12/2008), fue negociada y aprobada bajo la promesa de ser una norma necesaria para forzar a que muchos países subieran su estándar de derechos para los extranjeros en esos procedimientos de expulsión. Lo cierto es que ha sido utilizada como excusa para rebajar esos mismos estándares en otros países, como el nuestro, y tan sólo diez años después se prepara un endurecimiento de la misma, una vuelta de tuerca hacia un más allá inalcanzable. Podemos entender así lo que es una realidad generalizada en toda Europa: el desprecio a los derechos humanos de los extranjeros en situación irregular, para los que no hay otra respuesta que la expulsión/eliminación – más o menos ponderada en formas voluntarias o forzosas, según el país, sin considerar las consecuencias, y para cuya consecución se recortan hasta extremos vergonzosos las garantías y los derechos de seres humanos. Garantías consideradas sacrosantas por las instituciones europeas y que en esta norma brillan por su ausencia: la asistencia y defensa por letrados independientes, plazos suficientes y recursos eficientes a tribunales eficaces y respeto a la libertad personal y otros derechos durante los procedimientos.

Por el contrario, Europa ofrece un mapa plagado de centros de internamiento para la expulsión, donde las condiciones de vida son generalmente peores que las de las peores cárceles, y donde personas indefensas, a veces menores, se enfrentan a un futuro incierto del que las autoridades europeas se lavan las manos como si ninguna responsabilidad cupiera atribuirles por ello.

Las reglamentaciones y procedimientos que llevan a esas expulsiones, a veces masivas, y en muchas ocasiones faltas de motivación e individualización, son una expresión clara del derecho penal del enemigo, en el que se invierten los principios fundamentales del Derecho clásico, sobre la base de que lo único que se ejerce es el derecho a echar de nuestra casa a un invitado molesto, alardeando de una bajeza intelectual y moral en la que sin embargo no hay empacho en gastar los fondos y medios que sean necesarios.

Como factor que ha venido a agravar todo este maremágnum, ya grave de por sí, se ha desplegado una visión centrada únicamente en la perspectiva del receptor, ignorando la profundidad de las causas que han llevado a iniciar y a arriesgar tanto en el viaje migratorio. La más radical muestra de esa visión ha sido la distinción grosera – auténtico eje central de las políticas de inmigración – entre el inmigrante que llega empujado por una persecución de tipo político y el que llega buscando una mejora de vida que se atribuye a causas tan sólo económicas.

Sin un escrupuloso respeto de los derechos humanos no habrá política aceptable. Sin un escrupuloso respeto de los derechos humanos no estaremos sino traicionándonos a nosotros mismos y haciendo que Europa se convierta en una palabra hueca.

Ausencia de políticas inclusivas y positivas.

En la faceta de ausencia de políticas inclusivas y positivas, el miedo a despertar a una demagogia fácil que va a denunciar cualquier gasto en promoción social e igualdad ha hecho que muy poco o nada esté combatiendo el racismo. Y es algo que lamentablemente tenemos que reconocer como presente en nuestras sociedades, y sobre todo en un mercado laboral que no ha dudado en ensañarse con el aumento de la precariedad precisamente en aquellas personas marcadas por un origen distinto en su color de piel. El racismo, en formas que nos escandalizaban cuando las veíamos retratadas en otros países, está presente en nuestras calles y nuestras empresas, ha

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convertido algunas de nuestras ciudades en ghetos donde la rabia y la frustración va decantando en distintas formas de reacción, unas veces en auténticos levantamientos populares sin más objetivo que desahogar esos sentimientos, otras en alimentar inexplicables proselitismos del Islam más radical o de otros movimientos extremos.

La reversión de todos estos años de políticas erróneas en su cortoplacismo y en no saber ver cómo se iban acumulando todas estas consecuencias no va a ser fácil, sobre todo porque la situación política sigue siendo la de, por una parte, un reforzamiento de la extrema derecha sobre sus postulados claramente xenófobos, y por otra y lo que es más grave, una incorporación de la agenda y temática de esa extrema derecha a los programas de los partidos tradicionales, tanto de la derecha moderada como de la socialdemocracia, e incluso — tiemblo — por parte de una plataforma de supuesta izquierda alemana, en una insistencia irresponsable en el error antes apuntado de considerar la democracia como una suerte de sistema clientelar y en una respuesta sólo digna de Groucho Marx :  “estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”.

 

NECESIDAD DE UN NUEVO MODELO DE POLÍTICA MIGRATORIA.

Pese a que la metedura de pata ya está consumada, y más de cuarenta años de una anti-política extremista generan dejan un poso difícil de revertir, es cierto que debemos ir más allá del buenismo, y proponer en positivo, comenzando por ofrecer otras visiones, desde luego más realistas y objetivas del fenómeno, que no las dominadas por pulsiones cuasi paranoicas.

Hacia una nueva visión integral y compleja del fenómeno migratorio

Asumir una buena parte de la demanda migratoria no sólo supondría abandonar esas líneas políticas extremistas asumiendo unos objetivos más realistas, sino que sería incluso necesario económica, demográfica, política y culturalmente para Europa. Gran parte del crecimiento de las posturas xenófobas viene precisamente de la sensación de fracaso que acompaña a las líneas extremistas, que optaron por objetivos inalcanzables con la esperanza de aminorar el resultado final, cuando hubiera sido mucho más razonable afrontar el fenómeno desde perspectivas de mayor flexibilidad y adaptabilidad, que hubieran normalizado la situación general. Las políticas que se ponían como objetivo combatir el desempleo impidiendo la entrada de nuevos trabajadores/consumidores/creadores de empleo, al tiempo que a los pocos que podían entrar se les perseguía y discriminaba, generaron la imagen que hoy lamentamos del inmigrante como enemigo. Resultado de imagen de inmigrantes

La demanda migratoria no viene determinada sólo por cifras macroeconómicas, sino por la percepción de las expectativas subjetivas de la población joven de los países de origen, con lo que atemperar la demanda migratoria en origen no es un objetivo imposible, al que sin embargo se ha renunciado con facilidad en aras a fórmulas represivas y de contención. La propia Europa debe aprender de su propia experiencia histórica: las sucesivas ampliaciones de la libertad de circulación y establecimiento a los países que han ido incorporándose a la UE desde 1986 se han vivido siempre con gran temor y enormes prevenciones legales a lo que muchos creían que iba a ser una avalancha migratoria de griegos un día, españoles y portugueses al siguiente, de checos y polacos otro, de rumanos y búlgaros más tarde. Había quienes vaticinaban un auténtico vaciamiento de estos países y movimientos masivos de población que luego la realidad se ha encargado de echar por tierra. El proyecto migratorio no es fácil para nadie, pues supone romper demasiados lazos culturales, sentimentales, familiares, económicos, etc, como para tomar la decisión de emigrar, sobre todo si es con un carácter definitivo, si no hay detrás una situación muy desesperada que empuje y obligue a ello.

La percepción de los procesos migratorios desde la perspectiva de la prevención y el miedo  ha derivado en su percepción como un problema securitario, como una amenaza, conjuntamente con la amenaza del terrorismo, el narcotráfico y cualquier otra forma de crimen organizado.  Sin embargo, ese no sólo ha sido un análisis profundamente erróneo (y extremista), sino que ha generado un círculo vicioso o una mentira autocumplida: las fronteras cerradas a cal y canto se hicieron vulnerables a entradas masivas provocadas por una demanda migratoria abocada a su ejercicio ilegal por el extremismo cerrado de las políticas de la UE, lo que ha sido aprovechado por los narcos y terroristas para la utilización alternativa o simultánea de esas vías. Las migraciones nunca fueron una amenaza a nuestra seguridad, pero la percepción de las migraciones como amenaza ha terminado por provocar un problema securitario.

Ese aprovechamiento por parte de estructuras ilícitas del fenómeno migratorio ha sido diverso y variado: por una parte, se han solapado y complementado las rutas de contrabando de narcóticos con las rutas de inmigración ilegal, que desde fórmulas más naturales o espontáneas de desarrollo han sido encauzadas por muchas de estas organizaciones, que han creado sus monopolios de transporte imponiendo a sus migrantes tanto peajes de paso como rutas obligadas bajo onerosos pagos. Además, esas rutas son utilizadas por las mismas mafias no sólo para el tránsito de personas que realizan su proyecto migratorio de forma más o menos voluntaria, sino que se incluyen en ellas a las víctimas de trata para la explotación sexual cuyo trayecto se realiza bajo un secuestro continuado.

Otra visión más amplia de la seguridad fronteriza

Y mientras tanto, la vieja Europa reprimiendo a las víctimas e implementando políticas de eficacia en la impermeabilización de fronteras, que, paradójicamente, sólo consiguen incrementar el negocio y sus márgenes de beneficio.  La creación de Frontex, como Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas es absolutamente necesaria pero debería ser fuertemente aumentada en sus competencias y funciones. Tienen razón aquellos que están reclamando una mayor implicación de las autoridades europeas en la gestión de las fronteras del Sur de la Unión bajo la reflexión de que las fronteras marítimas de España, Italia, Grecia, Malta y Chipre, desde el momento en que desaparecieron las fronteras internas de la Unión dejaron de ser fronteras de esos países para pasar a ser fronteras de Europa. En su reclamación no obstante, debe recordarse que va implícito un ofrecimiento de cesión de soberanía, asunto siempre delicado sobre todo cuando se trata del control de las fronteras como uno de los elementos constitutivos de esa soberanía, como control de toda la extensión de las mismas y no sólo de los puestos de entrada y de salida de personas y mercancías.Resultado de imagen de fronteras

Pero por eso y además Frontex debe asumir unas responsabilidades que van más allá de las meramente securitarias, de vigilancia y control, en la medida en que es una Agencia y una autoridad europea y por tanto supone el ejercicio de la jurisdicción de sus estados. El derecho internacional y del mar obliga al salvamento de náufragos sea cual sea su origen y condición, cuya determinación quedará siempre a posteriori de lo más urgente, que es su salvamento. No cabe asumir tareas de control y vigilancia sin extender esas tareas también al salvamento, y por tanto, asumir que es un auténtico escándalo histórico el que las tareas de salvamento marítimo del Mediterráneo estén siendo asumidas por algunas ONGs, y que además se tengan que enfrentar a algo más que la falta de colaboración de los estados, a la sospecha permanente y al entorpecimiento de su encomiable tarea.  Frontex debe asumir, con la dotación presupuestaria y de medios suficiente, su papel natural de agencia europea no sólo de guardia de fronteras y costas, sino también de lo que ocurre en esas fronteras y costas, y de la responsabilidad y obligaciones de Europa en las mismas, es decir, debe ampliar sus funciones al salvamento marítimo de personas en situación de riesgo.

Otra percepción de la inmigración

Una de las conclusiones a las que debemos llegar por tanto en el análisis de la seguridad de las fronteras de la Unión es que sólo una percepción correcta de la inmigración y un cambio en sus políticas, contribuiría eficazmente a la seguridad de las fronteras de la Unión. Sólo permitiendo migraciones ordenadas y legales se desactivarán las rutas ilegales y con ellas las rutas utilizadas por las mafias para su negocio de tráfico de seres humanos como mercancía y de mercancías de otro tipo. Hasta ahora la política seguida ha sido cerrar la frontera, confiando poder evitar que pasaran tanto inmigrantes como delincuentes, contrabandos varios y otros “bienes de ilícito origen”, pero ante el fracaso de tal despropósito es forzoso reconocer que es necesario adoptar una política de permeabilización legal de las fronteras que desactive las estructuras ilegales de las que se nutren hoy esas organizaciones.

Esa mayor permeabilidad de las fronteras no tiene por qué alcanzar cifras que supongan un escándalo mayor de tantos ya escandalizados (auque su histrionismo nunca deja de sorprenderme). Imaginemos que las aproximadamente cincuenta mil personas que han conseguido este año entrar ilegalmente arriesgando (y aproximadamente 1500 de ellas perdiendo) sus vidas en el intento hubiera tenido un cauce legal de entrada desde su país, cuanto menos la esperanza de conseguirlo en un periodo de tiempo mínimamente razonable. No parece que 100.000 personas al año, o incluso una cifra sensiblemente mayor, fuera a provocar problemas de integración social, laboral, cultural, en una Europa de 500 millones de habitantes, y sin embargo, sí sería una cifra suficientemente alentadora como para que aquellos que están esperando su oportunidad, desistieran de hacerlo por vías tan arriesgadas.

Otra orientación de la cooperación

Ello evidentemente no debería ser la única medida, como respuesta obvia a la objeción que supondría el que la creación de una expectativa legal y pacífica generara en los países de origen más esperanza y deseos de emigrar, sino que debería ir acompañada, como luego abundaremos en ello, de una reorientación profunda de los programas de cooperación internacional de la propia Unión y de sus países miembros dirigida sobre todo a la incentivación de la permanencia en origen, la formación de los jóvenes y la creación de puestos de trabajo.Resultado de imagen de cooperacion internacional

La orientación de las políticas de cooperación al desarrollo – siempre insuficientes – han sido en los últimos años dominadas por una suerte de vergonzosa extorsión a los países de origen y beneficiarios de esa cooperación, dando la imagen de una especie de pago a condición: “o aceptas facilidades para recibir a tus nacionales cuando los expulsemos o no recibirás un euro”. Expresado en un lenguaje burdo como el premeditadamente elegido refleja mejor la naturaleza del supuesto acuerdo. Se constituye sin duda en un craso error relacionar y condicionar ambas cuestiones.

La creación de expectativas en el país de origen debe ser el principal objetivo de la cooperación si queremos integrarla en el esquema general de política migratoria, sin dejar de servir  y de ser prioritaria su naturaleza humanitaria y civilizatoria. La razón fundamental de la presión migratoria que sufre Europa no es ni el supuesto e inexistente “efecto llamada” del reconocimiento de derechos, ni tan siquiera la brecha económica – ciertamente importante – o las duras condiciones objetivas de vida en los países de origen. Del perfil del migrante –joven, con un nivel formativo medio-alto para los estándares de su país – se deduce que es sobre todo la falta de expectativas y de futuro lo que lo empuja a la migración.

Confio iniciar un debate o una “lluvia de ideas” con la clave de construir una política en positivo, alternativa al extremismo proteccionista que hasta ahora ha fracasado y tanto sufrimiento ha costado. No he pretendido ser exhaustivo, y estoy seguro que quedan muchas cosas por aportar y hacer, por lo que la propuesta, que no pasa por extremismos de los que tan fácil e injustamente se nos acusa, pasa por superar un modelo claramente fracasado y presentar un nuevo modelo de gestión de las migraciones necesario y urgente.

 

 

 

POLITICA MIGRATORIA EN POSITIVO. MAS ALLÁ DEL BUENISMO I

 

Publica Carlos Elordi con el título “La izquierda tiene que ser algo más que buenista con la inmigración”  en eldiario.es: https://www.eldiario.es/miradaalmundo/izquierda-buenista-inmigracion_6_811278896.html un agudo análisis sobre los efectos de la política migratoria en el crecimiento de la ultraderecha europea. Haciendo un llamamiento,  abierto y premeditadamente ambiguo, a cuál debe ser la respuesta de la izquierda ante ello, que tal como reza el título del artículo, debe ir más allá del buenismo. Ambiguo porque parece sugerir que uno de los caminos pueda ser tomar las mismas banderas reivindicativas anti-inmigración, tal y como está haciendo una parte — decepcionante — de la ¿izquierda? alemana. Nada más lejos de mi intención. 

Coincido plenamente sin embargo en que la reacción de la izquierda debe ser en positivo, es decir, de propuestas concretas de solución, sobre todo si tenemos en cuenta que lo que, junto a Massimo Recalcati, llama “pulsión securitaria” se encuentra con el terreno abonado de que la única definición que cabe de la política europea desarrollada hasta ahora ha sido y propongo en llamar de una clara “no política extremista”.

Hora es por tanto de que empecemos a definir posiciones con claridad y adelanto que, desde luego, la única definición posible para la izquierda si quiere seguir manteniendo su propia identidad no es la de “copiar” planteamientos ajenos, aunque sí desde luego superar el mero buenismo mediante propuestas de política activa y positiva.

Si vamos a calificar desde un punto de vista puramente formal las distintas orientaciones posibles que se adopten frente a los distintos fenómenos históricos, aquellas propuestas que han perseguido en alguna ocasión la prohibición radical, la evitación, la consecución de cifras 0 o próximas a 0, deberán ser calificadas no tanto de radicales, como de políticas extremistas.  Justo es, si de entre los posibles objetivos que se persiguen se opta por los más extremos de la tabla. Es otra reflexión de tipo material que ante fenómenos complejos resulten o no recomendables esos extremismos. Ese tipo de plantemientos suelen mantenerse independientemente del éxito o fracaso que hayan podido tener en el pasado, es decir, de los resultados de esas políticas. 

La ventaja que tienen esas fórmulas, es cierto, es que en realidad carecen de los elementos para poder calificarlas de “políticas”, puesto que lo único que persiguen es el mantenimiento de un estatu quo, cueste lo que cueste, sin planes, ni complejidades, ni periodos, ni nada de eso que hacen a la política activa algo a veces difícil de comprender. Esas políticas han sido en realidad una anti-política, muy conveniente a efectos de propaganda, pero muy poco si se quiere incidir en la realidad. 

Lo cierto es que si se contempla el panorama de las legislaciones en materia de migraciones, tanto europeas como del resto del llamado mundo Occidental, desde la crisis de 1973 en adelante, la única calificación posible que puede dárseles en lógica es que se han seguido objetivos extremos, y por tanto han sido políticas extremistas. El hecho de que se hayan aplicado desde formaciones tradicionalmente moderadas, socialdemócratas, liberales, conservadoras, y resto de laya política de nuestros lares, no debe confundirnos. 

Las distintas crisis económicas desplegadas a partir de la citada de 1973 se han traducido en devastadores efectos para el empleo, lo que provocó de forma generalizada una respuesta a corto plazo y bastante limitada que contrastando con las fórmulas dedicadas a las mercancías, en el trabajo fueron siempre de tipo proteccionista, adoptando la postura de que ningún extranjero, repito, ningún extranjero, debía venir a un país, mientras hubiera un solo nacional en situación de desempleo. Sobre lo erróneo de esa fórmula en el plano económico me remitiré a los innumerables estudios y análisis, pero desde el punto de vista político parece indudable calificar la fórmula, como decimos, de extremista, y señalar que, con pocos matices o con pocas moderaciones siempre de tipo estrictamente temporal, es la que ha dominado durante los últimos treinta años en los países desarrollados. Calificar esa fórmula, además, de populista, quiera lo que quiera decir tan manido término, resulta casi redundante.

Tengo que recordar que esa es la fórmula a la que se apunta, con entusiasmo que no queda empañado por lo eufemístico de su dicción, nuestra vigente ley de extranjería, cuando exige para la concesión de cualquier permiso de trabajo a un extranjero “considerar la situación nacional de empleo”. 

Esa anti-política u objetivo de conseguir parar por completo la inmigración se ha articulado  en torno a tres ejes cuyos frutos, podemos adelantar, han sido contraproducentes, y lejos de haber conseguido su objetivo, lo que han logrado es generar graves fracturas sociales y problemas mayores. Aviso (con lo que está cayendo no me vayan a acusar de plagio):  lo que viene a continuación es una copia de una postura antes mantenida por ese excelso conocedor de estos temas que es Paco Solans) (Ah, ¡coño!, ¡que soy yo mismo!, bueno, pues eso) Esos tres ejes han sido:

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            .- La contención. Es decir, política fronteriza de entrada 0. Establecimiento del visado previo como única vía legal de entrada, que se concede única y exclusivamente a quien pueda dar garantías estrictas de regreso, de forma limitada, sin posibilidades de conversión ni flexibilidad alguna. Fórmula muy conflictiva cuando se aplica a países con vínculos históricos evidentes, incluso familiares, o cuando la llamada presión migratoria debe hacerse compatible con una demanda turística que también interesa mantener abierta. Pero el extremismo es lo que tiene.

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            .- La represión. Ante la evidencia de que la fórmula anterior tiene unos resultados muy limitados, y no se pueden poner puertas al mar, etc, etc, la respuesta de los estados ha sido doble. Por una parte, se han producido en momentos puntuales recurrentes pero necesarias regularizaciones extraordinarias, ante la constatación de la imposibilidad de aplicar la vía represiva a masas importantes de población. Algo así como dictar una amnistía cuando no se tiene cárcel para tanta gente. Pero por otra, fuera de esos momentos puntuales, un incremento a veces exacerbado de esas fórmulas represivas que tienen su expresión en procedimientos de expulsión draconianos ignorantes de las consecuencias que puedan llegar a tener sobre personas y entorno social, centros de internamiento radicalmente cuestionables suponen una privación de libertad claramente desproporcionada, una persecución policial que termina ofreciendo la imagen social de que un extranjero es un enemigo a perseguir, y acreciendo indirectamente posiciones ideológicas alimentadas por la xenofobia y radicalmente contrarias al proyecto europeo de valores. De nuevo, el extremismo es lo que tiene. 

            .- La discriminación. Constatado el fracaso de la primera vía y las insuficiencias de la segunda, aun nos queda por recurrir a una tercera, igualmente nefasta. Buquemos el retorno voluntario del inmigrante debido a la creación de condiciones de vida que le hagan deplorar por sí mismo de su proyecto. La aprobación de mayores cuotas de igualdad a ciudadanos extranjeros ha tenido la oposición de quienes denunciaban un “efecto llamada” en ello, sin ignorar que el reverso de esa moneda es la creación de discriminaciones y dificultades en la vida cotidiana de los inmigrantes que lo únoico ue buscan es hacerles volver. Ni que decir tiene que esta tercera línea de política migratoria también ha sido un fracaso en su objetivo de conseguir que la inmigración retorne, y ésta ha sido más fuerte que todas las medidas que se han construido a su alrededor para hacerles la vida imposible.Resultado de imagen de discriminacion

 

Balance general. El fracaso de un modelo.

            El resultado final, desde el punto de vista del objetivo de inmigración 0 ha sido un fracaso rotundo, aunque siempre quedará quien diga que hubiera sido mucho mayor el número de inmigrantes que hubieran llegado a nuestras fronteras si no se hubieran seguido esos tres ejes. Quien no se consuela… Sin embargo, el resultado final ha sido la generación de grandes cantidades de sufrimiento innecesario y el menoscabo de los valores fundamentales de la convivencia en Europa. Se empieza a reprimir a los inmigrantes, luego a los que les ayudan, se empieza a enarbolar conceptos que parecían superados como raza, origen, religión; poco queda para que a los defensores de los inmigrantes se nos llame traidores a la patria. La cita del poema de Martin Niemöller no es ni necesaria de tan obvia. 

Los discursos que suelen contemplarse en torno a estas cuestiones suelen pecar de extremismos de uno y otro signo. Pero desde luego el que ha resultado dominante ha sido el alarmismo que contempla por doquier riesgos motivados por la paranoia de las “pulsiones securitarias” que Elordi y Recalcati mencionan, y que contemplan una Europa en riesgo de ser invadida por africanos y asiáticos corrompiendo nuestras esencias — visión llena de racismo y xenofobia–. En el lado contrario la ingenuidad de una petición de apertura indiscriminada e incontrolada de fronteras que sólo serviría para hacer el agosto del dumping social y socavar el ordenamiento social que hace posible la permanencia de los estados de bienestar en nuestros países. De mantener esa postura se nos acusa mucho, pero es un alarde de demagogia, porque no veo a nadie que la defienda, ni los programas de los más radicales partidos de la extrema izquierda, ni las reflexiones de las ONGs. Viene aquí a cuento un enlace al estupendo y oportuno artículo de hace unos días de Gemma Pinyol Cómo evitar el adanismo al hablar de inmigracion

Lo que se plantea es precisamente la superación del fracasado extremismo hasta ahora practicado por la política europea, pero no para el viaje a otro extremismo radical de signo contrario, sino para la adopción de una política medida, controlada, ponderada y sujeta a controles necesarios de respecto a los derechos humanos. En el fondo, para la adopción de una política y no una anti-política, que es lo que se ha practicado hasta ahora.

Constatado que la respuesta extremista de las políticas de los países desarrollados no han conseguido su objetivo extremo de inmigración 0, ese extremismo, en lugar de asumir ese fracaso y adoptar otras estrategias, se desborda y está conduciendo a más extremismo. La motivación xenófoba de no pocas formaciones políticas se constituyen en una delirante huida hacia adelante que, aunque cueste concebir, siempre tiene medidas más radicales aún, con tal de responder a esa demanda populista auto-generada del “ellos contra nosotros”. El incremento de posturas nacionalistas atadas a esa xenofobia amenaza la esencia misma del proyecto europeo, socava sus valores, pone en cuestión la desaparición de las fronteras interiores exagerando los problemas de las exteriores, restringe la solidaridad interna necesaria para la construcción europea. Con claridad: de estas aguas turbias salimos todos sucios y escaldados.  

Toda esa construcción del problema obedece a una exageración interesada del propio fenómeno, sobre todo en su contexto histórico. Europa tiene una población de más de 500 millones de habitantes, población envejecida y sin perspectivas de crecimiento por la vía natural de la natalidad. El cruce irregular de fronteras se presenta en ese contexto como una auténtica avalancha, y se confunden los términos absolutamente. Según informes fiables ( https://www.iom.int/news/mediterranean-migrant-arrivals-reach-46449-2018-deaths-reach-1412 ) la cifra de entradas irregulares en lo que llevamos de año no alcanza a 50000 personas. ¡EN UNA EUROPA DE 500 MILLONES! ¡Eso es un 0’01%!. Y ello se presenta como una alarma catastrófica, cuando la única alarma que debería escandalizarnos es que esas entradas han supuesto más de 1400 muertos. Europa se está comportando, con sus 500 millones de personas de población, con una histeria apenas justificable en un pequeño país de cinco millones de habitantes.

(Continuará) 

Sr. Ministro:

Sr. Ministro:

Sr. Flamante, nuevo y mediático, excelentísimo y señorísimo Ministro de Interior:

He escuchado su entrevista en Onda Cero de esta mañana, especialmente el minuto 18 en adelante.

http://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/carlos-alsina-entrevista-este-jueves-fernando-grandemarlaska-mas-uno_201806145b21f9a80cf2bf2f0a8e4d89.html

Los periodistas le han sacado el titular de que va a quitar las concertinas, pero a mí no me ha quedado tan claro. Confiemos en que el titular se imponga sobre sus habilidades retóricas del tipo “haré todo lo posible”, o ese curioso “vamos a pon…” que dice de aquellos que “por nuestro error” han llegado al pie de la valla.

Lo que no puedo dejar sin responderle es a todo lo que ha dicho – manifestación clara de un claro desconocimiento de la normativa, bastante llamativo y preocupante en quién, como es su caso, debe velar por su aplicación, sobre todo en un asunto del que Ud. ya estaba sobre aviso –. De sus palabras se colige que no reserva sino dos alternativas para los “pasajeros” del Aquarius: o ley de protección internacional (léase asilo, refugio, etc) o la expulsión.

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Un escalofrío me recorre el cuerpo cuando compruebo que si se le menciona el ingreso en CIE intenta salir del apuro diciendo que no es cierto y que cada vez que llega una patera la gente vaya al CIE, sino que son acogidos por las ONGS. Quizá la Audiencia Nacional más que guindo del que Ud. debe caerse era un frondoso matorral que le ocultaba la realidad, pero entérese de lo que pasa antes de hablar de esto. No le digo más, que esto para otro día.

Con Uds. los altos cargos no sé nunca si se mueven por  desconocimiento y/o por el deseo de no comprometerse ante los casos concretos, y es por ello algunos sostienen que la política precisa de cínicos con una cara de cemento armado, cuando no, directa y  sencillamente, de  idiotas (en la segunda de las acepciones del Diccionario de la R.A.E., esto es: “que carece de toda instrucción”, que no es su caso). Como su gobierno parece apuntarse a la nueva política, no estaría de más que fueran abanando ese modelo. Lo digo porque tienen los altos cargos un ejército de asesores, que se supone que conocen las leyes, pero luego Ud. al referirse a los extranjeros que vienen “invitados” por el Gobierno de España –aunque ha precisado Ud. que no le gusta el término de invitado- dice cosas como que se les va a dar el mismo tratamiento que si llegaran en patera.

Cuando el incisivo periodista le pregunta lo mismo que en términos jurídicos vendría a ser ¿y cómo le va a aplicar el mecanismo legal que se aplica a quien entra ilegalmente en España a alguien que entra como invitado del gobierno? Va Ud y responde que no le gusta la palabra “invitado” y se pierde hábilmente en disquisiciones sobre el efecto huida y no llamada. Ojiplático me quedo.

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De jurista a jurista: lo que ha planteado de darles el mismo tratamiento que si vinieran en patera supondría una prevaricación de libro, pues es darles un tratamiento previsto para quien “los que pretendan entrar ilegalmente en el país” a los que el artículo 58 de la Ley prevé que se les aplique un expediente de devolución (que Ud. llama machaconamente expulsión, no me voy a poner tiquismiquis, pero de jurista a jurista, Ud sabe la importancia de utilizar términos precisos). Pues ya me dirá cómo pretende decir que están pretendiendo entrar ilegalmente en España quienes han sido recogidos del mar como náufragos y traídos por las propias autoridades a nuestros puertos.

Si creía Ud que la solidaridad es una cosa a la carta, que puede elegir un plato y rechazar el postre,  es evidente que está Ud. equivocado.

Tiene otras muchas alternativas, y pido perdón a los legos en derecho, porque vienen curvas. Se las voy a explicar seguidamente en nuestro común y arcano idioma jurídico, con traducción simultánea. Soluciones mejores que la inhumanitaria opción que Ud. ha planteado, y eso sin entrar en detalles sobre menores, víctimas de trata, etc, en los que la aplicación de la legislación general y ordinaria es favorable:

.- Como primer paso, la aplicación del Art. 25.4 LOEX en relación con la Disp. Ad. 1ª, ordinal 4, in fine, del R.D. 557/2011, que posibilita que “el titular de la Secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, previo informe del titular de la Secretaria de Estado de Seguridad, podrá otorgar autorizaciones individuales de residencia temporal cuando concurran circunstancias excepcionales no previstas en este Reglamento” Dado que la llegada del barco es una situación excepcional no prevista en el Reglamento de extranjería, sería lo más adecuado. Simultánea: que el gobierno que redactó el reglamento, consciente de que esta era una realidad muy cambiante y rica se dijo a sí mismo: no nos vamos a atar las manos a nosotros mismos, no vaya a ser que un día nos arrepintamos, y dejémonos puertas abiertas para hacer lo correcto por encima de lo estrictamente legal.

.- Luego, debe Ud.  detenerse en  estudiar el RD. 1325/2003, 24 de octubre, un reglamento sin estrenar pero que es desarrollo de una Directiva europea, la Directiva 55/2001/CE, y que se adapta como una mano a su guante a las circunstancias a las que nos enfrentamos. Dado que no lo han estrenado ni cuando les pedimos que lo hicieran cuando la mal llamada “crisis de refugiados” sirios, a lo mejor no saben que existe, pero está ahí, y supone la acogida humanitaria de estas personas en condiciones de legalidad y dignidad mucho mejores que el “asilo o expulsión”, sin invitar a abusar de esa figura, y adecuándose a la situación. Traduzco: más vale aplicar una ley cómoda y adecuada que además viene a mano, que no forzar la interpretación de otras o dar soluciones a bulto y a lo bruto, que eso nunca sale bien.

.- Por último, y siempre garantizando que estos seres humanos tengan la debida asistencia de abogados independientes, se valorará quién refiere una historia que lo haga acreedor de un estatus más privilegiado, cual es el de asilado o refugiado, por sufrir temor fundado de persecución en su tierra de origen.  Esto es lo que dice la ley, y no lo que Ud ha dicho.  Si no sabe, tenga a mano al menos el teléfono de los que saben. TRADUCCIÓN SIMULTÁNEA, ahora así, con mayúsculas, porque esto sí que es importante que lo entienda: a cada uno de los 629 le va a hacer falta un abogado independiente que sepa estas cosas, y que no se deje llevar de otros intereses que defender al que le toque.

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Procure ser coherente con lo que se dice desde su propio gobierno: razones humanitarias y acogida humanitaria tiene poco que ver con lo que Ud. ha dicho que debe hacerse.  Me temo que esto sólo se arregla de una manera: tome nota de lo que aquí le decimos, corrija su postura y pida disculpas por sus no muy afortunadas declaraciones. No se la vamos a tener en cuenta: acaba de llegar, seguramente el asesor que le ha soplado la respuesta — este sí que es para mandarlo a dirigir el tráfico en un cruce poco concurrido cuanto antes– es del equipo anterior, seguro que este es un asunto entre otros muchos, hay otros problemas en el ministerio, uno no puede saber de todo, etc, etc, etc.

Redacto estas líneas desde la indignación de un ciudadano que se cree “eso” de los derechos humanos y que los mismos corresponden a todas las personas por el hecho de serlo. Esto es muy serio, son 629 personas que de momento han sido salvadas  de un calvario — de lo que muchos nos sentimos orgullosos — para que Ud. ahora nos amargue el orgullo con una respuesta precipitada, mal asesorada, ignorante del derecho y sus alternativas, en un medio público, dos días antes de la llegada.

 

 

 

 

El avezado naturalista

El avezado naturalista dirige una vez más su aguda mirada a un objeto de estudio especialmente sorprendente y sin duda difícilmente equiparable con cualquier otra criatura de la naturaleza: el extranjerista (advocatus aliena) constituye, sin duda, una rara avis, que sin embargo se puede observar , a poco que se mire con ojo atento, moviéndose por lo más profundo de los procelosos bosques de nuestra mal llamada “Justicia”, con profusión también de gran número de ejemplares en los peligrosos y abruptos peñascos que la Administración pública ha destinado a ser oficinas de extranjeros. En esos hábitats despliega su actividad  y ha desarrollado su espacio ecológico esta subespecie, antaño confundida en la inexistencia de su nicho ecológico por estos nuestros lares, pero que ha aflorado durante las últimas décadas.

Resultado de imagen de ATTENBOROUGHMiembro del más amplio colectivo de los abogados (advocatus advocatus), se diferencia un tanto de éstos así por su pelaje como por otras diversas costumbres. Suele llamar la atención que su atuendo resulta menos ostentoso y cuidado, con menor tendencia a hornamentos de naturaleza simbólico-fálica al cuello en los machos de la especie, y una curiosa dejadez en las hembras. Pareciera como si sus especímenes no mostraran mayor interés en utilizar los medios de abrigo para marcar distancias sociales con sus congéneres, aun a riesgo de ser confundidos, como en ocasiones ha ocurrido, con sus defendidos. Resulta de costumbres frugales, en coherencia con el pobre aliño indumentario ya comentado, y sus ingresos rara vez alcanzan para permitirse lujos ni ostentaciones, pese a lo que exhibe una feliz despreocupación por la materia que sin duda también le distingue de otros colectivos profesionales.  Esa frugalidad le viene motivada sin duda por la simbiosis que le une con sus protegidos del género extranjero (aduenam aliena), y una acusada diferenciación – ciertamente extraña en los tiempos que corren – entre profesión y negocio, siempre en favor de aquella y detrimento de éste. La situación no deja de ser injusta, pues hemos de decir que los esfuerzos que caracterizan al colectivo que hoy analizamos, su grado de dedicación, la profundidad de sus reflexiones, la agudeza de su análisis, es digna de privilegiados protegidos por amplias mesas de cristal rodeadas de alfombras, pero los especímenes de nuestro estudio siguen empeñando tenazmente sus esfuerzos en causas poco lucrativas, de lo que se deduce que no es el lucro, o la acumulación y el aseguramiento del condumio, sino otro tipo de satisfacción, lo que buscan con sus actividades. Los extranjeristas acusan, de esa manera, una casi enfermiza afición por la trinchera y el barro, en lugar de por los amplios salones forrados de madera.

De natural pacífico  y de mansa apariencia, el extranjerista está lejos de estar, sin embargo, carente de carácter, y ante determinados estímulos puede llegar a demostrar una marcada agresividad. La contemplación de situaciones de discriminación racial o por origen, el abuso de poder sobre colectivos especialmente debilitados, u otros tipos de situaciones injustas en que interviene el poder público despiertan como un fantasma dormido bajo su apariencia bonachona. Su respiración en esas ocasiones se hace más profunda, sus musculos se encrespan, sus mandíbulas se aprietan, su mirada se agudiza y todo su cuerpo y mente se concentra para enfrentar el peligro, ante el que se aposenta con desesperada furia, llegando a asustar y hacer bajar la cola a fieras de muy superior tamaño, El azote dialéctico de un o una extranjerista en una situación así puede ser demoledor para su oponente. Son conocidas frases de uso frecuente por los individuos de este género en esas ocasiones, tales como “el estado contra las cuerdas, “el partido se juega hasta el minuto noventa” o “el racismo institucional me lo paso por el tal”.

Resultado de imagen de NATURALISTA    Su hábitat es diverso, como también lo son en consecuencia aquellas otras especies con las que compite por el mismo espacio, con muy distinto grado de oposición. De entre sus adversarios naturales destaca su más acérrimo antagonista: el funcionario de oficina de extranjeros (alienum officium officialis), subespecie del officium officialis, caracterizado generalmente por elevar a un nivel exacerbado algunos de los peores hábitos propios del resto de su clase. La versión policial de esta subespecie constituye sin duda el enemigo más acerado del extranjerista, aquel con el que se libran las peores batallas, las cuales se desarrollan tanto en espacios supuestamente neutrales como en los propios cazaderos de sus oponentes, dado que el extranjerista difícilmente se arredra ante la dificultad de encontrarse en territorio ajeno. Puertos, aeropuertos, comisarías, despachos, etc, no le son en modo alguno terreno vedado, llevando su insolencia allí donde crea necesaria su presencia.  Otro de los aspectos que diferencia a nuestro protagonista de hoy de su propia especie es una acusada tendencia a extender su hábitat social más allá de las fronteras de la profesión, familia, grupo social, etc, en la que suelen moverse sin dificultad, a diferencia de una cierta tendencia gregaria del resto de advocatus. Quizá por la naturaleza de su dedicación, quizá por cualquier otro motivo de índole arcana, el extranjerista se mueve con desparpajo por ambientes ajenos, tales como oenegés, asociaciones de voluntariados varios, solidarios, perroflautas, y con más cercanía aun si cabe con aquellos que procedan de lugares lejanos, con los que nuestro objeto de estudio guarda una especialmente cordial relación. Es habitante habitual de manifestaciones, concentraciones callejeras y otras algaradas, sin que le sea extraño tomar banderas o elevar su voz en cánticos varios.  La búsqueda del condumio para sí mismo y su prole resulta más variada de lo que él sin duda quisiera, por lo que extiende el ámbito de sus andares por muchos otros espacios naturales, con una sobresaliente capacidad de adaptación a estos cambiantes entornos. No es raro observarles en bancos, cárceles, desahucios, centros de menores, además de en comisarías y otros centros de detención, fuera de los cies, donde nada más natural que encontrarles. Extienden su trabajo sin demasiado esfuerzo, y yo diría que especialmente avezados por lo rudo de su habitual empeño, a otros campos del Derecho, en ocasiones forzados por la necesidad de proveerse de fondos para mantener su vocación, en otros momentos por demanda de una clientela especialmente agradecida, en otras efemérides por una extensión natural de su concepción de la Justicia.

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Poco gregario, de casi solitarias costumbres más propias del corredor de fondo, reserva a pesar de ello una excepción para determinados momentos, cuidadosamente escogidos a lo largo de la temporada, en que se entrega a unas auténticas orgías de gregarismo, normalmente llamadas “congresos” o “mítines”. La rara alegría, propia del animal habituado a la soledad de los amplios desiertos que atraviesa, de encontrarse en medio de un nutrido grupo de congéneres le eleva a un estado de patente excitación, que no duda en estimular con sustancias espirituosas de tipo etílico.  Son asimismo reseñables sus costumbres de apareamiento, de nuevo tocadas de un cierto grado de peculiaridad, si bien enormemente variadas. No se aprecia en ellos la acusada tendencia al emparejamiento entre especímenes de la misma variedad o incluso de similar pelaje que se observa en otras ramas, si bien tampoco son raros los ejemplares que aciertan a conformar pareja entre ellos. La especial dedicación y pasión con que afrontan sus dificultades cotidianas construyen serias dificultades de estabilidad en algunos emparejamientos, relacionados sin duda con las dificultades de estabilidad mental que arrastran nuestros protagonistas. Tienden por ello a encontrar anidamiento entre aquellas variedades de la especie humana dotadas de especial dosis de paciencia, sapiencia y santidad, pues necesario les es para aguantar marea.

Quede aquí nuestro acercamiento y estudio a este poco conocido pero llamativo grupo. Lejos de encontrarse en peligro de extinción, ello se debe más a la persistencia y fuerza que han demostrado muchos de sus ejemplares que a las facilidades que les haya dado un entorno que se va volviendo cada día más complicado, tanto en el terreno social como político. Sin duda cabe esperar que la especie prospere, e incluso acreciente su capacidad de influencia, dado que, mucho nos tememos, se acercan tiempos en que serán más necesarios que nunca lo hayan sido.

PERSUADIR A LOS PERSUADIDOS

Leo en la sección de Ciencia de El Pais digital el siguiente artículo, que me impresiona profundamente: https://elpais.com/elpais/2018/01/26/ciencia/1516965692_948158.html. Debo decir, no obstante, que su contenido me sorprende por su contundencia y lo elevado de sus cifras, pero ciertamente no por lo que constata: la preponderancia de lo emocional sobre lo racional en cada debate, y la dificultad de rebatir opiniones ya asentadas, sean cuales sean los “argumentos” que hayan servido para cimentarlas.

Me impresiona porque, una vez más, lo leo desde la perspectiva de mi profesión y de esta particular especialidad del extranjerista. Me recuerda tantas ocasiones en que he intentado persuadir a un juez, o a cualquier otro alto o bajo funcionario del estado, de que lo más Justo era dejar en libertad a alguien o conceder un permiso o revocar una expulsión, y me he visto envuelto en una frustrada perplejidad cuando compruebo que la solidez de mis argumentos, expuestos de forma clara y elocuente, no sólo no han sido suficientes, sino que con frecuencia han provocado  además alguna reacción adversa a mi persona, alguna mirada de desprecio, incluso alguna amenaza de quien – al fin y al cabo, y por mucho que sea una olvidable cesión o un encargo de la ciudadanía para vigilar los derechos – ostenta un poder obscenamente incontrolable sobre seres humanos.

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Como abogado, mi trabajo consiste en persuadir, e ingenuote que es uno, allá que me lanzo adarga en ristre yo con mi verbo fácil y mi pluma cual estiloso estilete, para hacer de andante caballerete en pos del desfacimiento de entuertos varios. “¡Es la razón!”, me empeño en argüir, “¡son los derechos humanos!”, insisto en colegir. Pero resulta que en la persuasión parece que cuentan más otras dos cosas:

La primera y más importante, dar la razón a quien cree ya tenerla, y que se sienta alagado así con tu anuencia, acariciados sus oídos con la ratificación de sus previos convencimientos, servilmente besuqueados los pies de sus principios inspiradores. Da igual que esos principios tengan su origen en las majaderías que soltaba papá viendo el telediario o las de mamá en las reuniones de parroquia, las bravuconadas de tal o cual locutor de radio o las comprensibles pero poco fundadas peticiones de víctimas y otros manipulables seres humanos . He visto jueces al borde del arrobo místico escuchando a los abogados del estado defendiendo lo indefendible de una administración grosera y arrogante, aplastante y avasalladora. He visto miradas de absoluto desprecio y completo cierre de oídos ante alegatos inapelables basados en la más asentada de nuestras tradiciones de derecho. Resultado de imagen de reverencias

Ante semejante reto, ¿dónde vas extranjerista, dónde vas triste de ti?. Porque no nos engañemos, si hacemos un somero análisis del extracto social, la inclinación política, la orientación ideológica, la formación del espíritu nacional y la capacidad de “lectura crítica e integradora del ordenamiento jurídico en clave de supremacía de los derechos fundamentales” de una gran cantidad de nuestros magistrados, policías, políticos varios con mando en plaza, jefes y jefecillos, lo único sorprendente es que todavía no me hayan majado a palos, como poco.

Porque de la segunda pues qué deciros, amigos míos, que ya conocéis “mi torpe aliño indumentario”. Parece que es importante ser guapo, simpático, ir bien vestido, adornar un semblante dorado con una seductora sonrisa – hay quien llama a eso dignidad del abogado en el atuendo y formas–. Y el extranjerista que aquí les habla es bajito, gordo, cascarrabias, con una mala leche que se le escapa directa al ojo en cuanto pinchan y una maldita indignación que no dejo de oir como música de fondo alimentada con los torreznos de las tropelías sin cuento que tengo que contemplar cada día. Y para colmo –esto ya a modo de chascarrillo — la corbata no me la pongo porque me avergüenza llevar colgado del cuello un símbolo fálico tan evidente (nunca he podido entender cómo la tan mojigata convención social ha consagrado una prenda que, sin necesidad de ser Freud, resulta una manifiesta proclamación de lo larga que uno la tiene).

Sigmund Freud, con corbata de lazo.

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Aporofobia, afortunada expresión recientemente elevada al altar del diccionario. La xenofobia, como miedo no tanto al extranjero como al meramente diferente, no es un concepto que quede superado por el anterior al ser más preciso, pues sigue existiendo aun cuando no haya pobreza. El racismo se disfraza, pero suma y sigue. Pululan estereotipos y bulos pseudocientíficos en forma de sesudas opiniones, en ocasiones refrendadas por supuestos analistas de una realidad inventada, en otras simplemente autoreprimidas por vergonzosas, pero fuertemente presentes. Avalanchas, invasiones, incompatibilidades culturales, puestos de trabajo robados, españoles primero, inferioridad racial, amenaza, etc, etc, etc. Y contra todo eso, convicciones no por más insensatas menos asentadas, inasequibles a las más conspicuas argumentaciones, nos enfrentamos con la razón, sólo con la razón, ¡pobrecico mío!, para la defensa de los derechos humanos.

 

HELENA

 

Mientras escribo estas líneas Helena Maleno espera para ser interrogada – sí, interrogada – por un Juez marroquí bajo la acusación – sí, acusación — por un supuesto delito – sí, delito – de favorecimiento a la inmigración ilegal. El esperpento  es de tal calibre que no puedo decirlo sin pararme a reafirmar cada uno de sus elementos, a vencer mi incredulidad natural, a concluir preguntándome cómo y hasta dónde hemos podido llegar hasta aquí.Resultado de imagen de FASCISTAS

En el fondo no es tan sorprendente: Europa entera tiene un poso oscuro, una parte de su alma, un recoveco oculto de su ser, que cuando sale a la luz nos asusta y escandaliza, pero que está ahí, siempre ha estado ahí. A veces asoma una parte, como está haciendo en Francia con el frente nacional, o en Polonia, Eslovaquia, Hungría… como aparece en los comentarios a algunas noticias que algunos se explayan en vomitar, o en las respuestas en redes sociales, o en algunos discursos. Los hemos intentado relegar a un rincón, pero han seguido ejerciendo un poder enorme, oscuros funcionarios policiales acostumbrados a que el fin justifique los medios, a creer que ellos son la ley, a entender los derechos como patrimonio no de los seres humanos sino de unos pocos, cobardes amedrentados que se cubren de una capa de arrogancia que no esconde ni su estupidez ni la ignorancia que les hace tan débiles, tanto que hasta justifica su cobardía.

Cuando yo empecé, allá por los lejanos primeros 90 – ya, ya estoy con mis batallitas de abuelete – me encontré con que algunos de los policías destinados a las brigadas de extranjería no eran sino reciclados de la político social. Funcionarios con plaza y sueldo fijo recuperados de las cavernas de la dictadura para que se desfogaran con los extranjeros. Si algún día se les iba la mano no era tan grave si era con un moro, si se dejaban llevar por su chulería de sheriff de pueblo tampoco importaba mucho si era con un negro africano. Los socialistas en el gobierno hicieron un buen trabajo de reciclaje de basura, pero ignoraron el poso que eso deja en las instituciones, en las costumbres, en las inercias, en las herencias. Seguimos sufriendo una ley de extranjería copiada muchas veces literalmente de aquella de 1985 hecha a mayor gloria de un ministro delincuente y sus reciclajes.Resultado de imagen de BRIGADA POLITICOS SOCIAL

Imagino al responsable de este gigantesco despropósito que es el procesamiento de Helena: imagino un tipo oscuro, frustrado, acojonado como sólo puede estarlo – qué contradicción – un castrato intelectual, obsesionado con la amenaza de los extranjeros, los moros, los negros, que vienen a invadirnos y tenemos que defendernos, un imbécil incapaz de ver una película sin separar sus personajes en buenos y malos, que se considera a sí mismo –¿cómo no?— un héroe del séptimo de caballería defendiendo a la patria, y que se obsesiona con los que están en primera línea, Helena, Pepe Palazón, mañana seremos los de segunda, y organiza, creyéndose un genio de sagacidad, una investigación paranoica para relacionar un altruismo que para él es incomprensible, inabarcable, con oscuros intereses mafiosos. Curioso, éstos sí le caben en la cabeza. Monta, arma, conforma, construye, imagina, un informe, sobre la odiosa idea de poder que le ha dado durante tanto tiempo el que a un majadero como él se le haya hecho algún caso, presenta ese informe pensando que es su gran obra, y unos juececillos que qué sabrán ellos se permiten desestimarlo con desdén y con no poca irresponsabilidad diciendo “ya está… llamémosle Martinez, por ejemplo…  con sus cosas”, y lanzándolo a la papelera le insinúan se dedique a cosas importantes que para eso se le paga. Pero él no, él se cree que es el único que sabe qué es lo importante, y disfraza su odio irracional de amenaza mundial y se cree con la superioridad moral de juzgar y decidir, y recupera su sagaz y despreciado informe y se dice a sí mismo: pues si los jueces españoles no me hacen caso, a ver si los marroquís. Y como tiene algún oscuro amiguete de tejemanejes entre lo más turbio de los polizones del país vecino, coge el teléfono y pide un favor, hoy por ti, mañana por mí, mira, es que a esta tía le tengo que joder la vida porque si no, no me quedo a gusto, a ver si me puedes echar un capote, y allí que va el capote, la capa, banderillas y estoque, y el amiguete se encarga de coger el informe, muerto y putrefacto, y darle una manita de pintura para que parezca algo.Resultado de imagen de LA OFICINA SINIESTRA

Y como los jueces son lo que son, que nadie se llame a engaño, que lo de la función garantista de la jurisdicción y Ferrajoli y la separación de poderes y el control sobre el ejecutivo y esas cosas se lo saben tres y el de la guitarra, y de esos tres lo aplican dos, pues en lugar de poner firmes al imbécil y a su amiguete, de llamarles a andana y mandarlos a dirigir el tráfico en una encrucijada en el desierto, pues aún les hacen algún caso, y aun hay que dar gracias que no les hagan más.

Y aquí tenemos a una mujer que mañana tiene que comparecer ante un juez por culpa de un oscuro majadero, y cuyos méritos no voy a intentar glosar: alguien con una idea clara y sencilla: que la vida de un ser humano está por encima de fronteras y pasaportes y visados, que los derechos de un ser humano son la responsabilidad primera del resto de los seres humanos, y que a pesar de todo, si el deshumanizado ser humano que ha sido capaz de montar este desastre, el psicópata autor del informe que tanto daño le está haciendo, estuviera a punto de ahogarse en el mar, Helena llamaría a Salvamento Marítimo y estaría media noche sin dormir a la espera de que le dijeran que lo han encontrado vivo, aislado, medio ahogado, aterido de frío, pero vivo, y respiraría entonces aliviada y se iría a dormir tranquila, aunque supiera como sabe, que él esto nunca lo va a entender.

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La sonrisa cínica de Hermes

Los egipcios crearon a Tot, un dios con cabeza de pájaro – curioso que empleemos la expresión “tener la cabeza a pájaros” para todo lo contrario – para consagrarlo como dios de la sabiduría, la escritura y el lenguaje. Los griegos, unos genios copiones, como todos los genios, lo llamaron Hermes, y Homero dijo de él que era “de multiforme ingenio, de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueños, espía nocturno, guardián de las puertas…”

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Es un dios de la sabiduría muy distinto del “logos” heredado de la tradición judeo-cristiana, vinculado al dogma y la ortodoxia. EL Mercurio romano será al tiempo dios de los mensajeros, de los viajeros, de los comerciantes, de los oradores y la retórica, de los abogados, de los charlatanes, de los trileros…

Al concebir esta entrada al blog pensé que un dios del lenguaje debería estar profundamente cabreado, pero me encontré con el carácter cínico y relativista de Hermes, y comprendí la profunda sabiduría que hay detrás de su concepción: el lenguaje – que la filosofía del s. XX consagró como centro de su reflexión – tiene mucho de juego, pero de un juego cuyas reglas se van creando al mismo tiempo que se juega y en el que es muy fácil hacer trampas. Y hay quien hace trampas hasta en el solitario.

El cabroncete de Hermes se lo tiene que estar pasando en grande.

Los que se quieren dar importancia a sí mismos – ¡hay, esos pobres acomplejados que se meten en política para tapar sus carencias! – suelen jugar con palabras grandes y gordas, orondas y vistosas, y los tontos las compran como si tal cosa. Pero esas palabras no son sino sacos de patatas que según se meten más, van creciendo hasta reventar la frágil malla de que están hechos. Y ¡ale!”, a agacharse para recoger las humildes solanáceas rodantes.

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Otros utilizan las palabras a falta de piedras, y las lanzan con toda su mala uva, con la única intención de romperle la crisma al que pillen por delante. A veces aciertan, pero las más sólo consiguen destapar sus propias intenciones, y quedar como lo que son: unos majaderos resentidos que creen que van a encontrar alguna satisfacción en el dolor ajeno.

Para muchos son simples piezas de un juguete, que combinan de formas creativas, sin importarles una higa que su significado tenga la más mínima relación con la realidad. Es más, les divierte ver la credibilidad que pueden llegar a alcanzar, por el mero hecho de ponerlas en la red o de ir pasándolas de mano en mano. Y cuanto mayor sea la trola más divertido el juego.

 

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Palabras como patatas, palabras como piedras, palabras como fichas.

En nuestra diaria desazón nos encontramos con muchos de estos trileros haciendo malabares de palabras: ministros juntando palabras que no tienen nada que ver, como “refugiado” y “terrorista”, a ver el efecto que hace; pantuflos con un periódico saliendo de sus manos que arrojan “¡Venezuela!”, “¡comunista!”, y sólo miran en qué cabeza han dado para chupar la sangre que salga de la herida; payasos buscando el chiste fácil que acaban encontrando fórmulas exitosas por muy poco reales que sean (“efecto llamada”).

Y todo ese enjambre de palabras pasa por encima de nuestras cabezas como un ruido aturdente y apenas acertamos a escuchar su contenido real, a distinguir su fingimiento.

Y así Hermes nos mira desde el Olimpo con una media sonrisa, divertido, y a la vez escandalizado, de vernos enzarzados en trampas de palabras, que en lugar de puentes son obstáculos.

 

¿GUERRA, QUÉ GUERRA?. 

Como vamos a hablar de Historia, así con mayúscula, nos aplicaremos la lección y antes de entrar en harina, nos situaremos en contexto, precisamente, histórico. Prometo no enrollarme. Tras la gran herida que parte en dos el siglo XX, la IIGM, provocada especialmente por los fascismos, la reconstrucción sólo se podía hacer desde el progresismo: políticas económicas socialdemócratas y construcción de un estado de bienestar dieron como resultado lo que se llamó la “edad de oro” del crecimiento económico (Eric HOBSBAWM, amigable abuelito de la foto) pero también hicieron de muro de contención frente al gigante del este y su expansionismo ideológico. Fracasado el anticomunismo cerril de los fascismos, tocaba la cesión y el reparto. Ello tuvo también un efecto claro en el discurso intelectual: durante los cuarenta años de postguerra ser de derechas estaba mal visto entre la “intelligentzia”, y ser de izquierdas sin embargo, estaba de moda. No pretendo frivolizar la cuestión. Los que me conocéis sabéis que soy rojo como un tomate maduro, pero entiendo que es consustancial a ello el ser crítico, y por ello, ser consciente de lo que es grano y paja, no dejarse llevar por “tendencias” ni corrientes, e intentar sostenerse contra viento y marea vengan de donde vengan las galletas, cuando uno llega a una conclusión fundada. Hubo y sigue habiendo mucho postureo, como se dice ahora, y mucho progre de salón, que hizo gala en el momento oportuno (para él, sobre todo) de lo poco profundo de sus convicciones, no digo siquiera cambiándose de chaqueta, como mucho de color de paraguas.

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La lástima fue que, apoyado en lo superficial de ese postureo, el movimiento pendular propio de la Historia – Hegel y Marx lo llamaron dialéctica, pero yo lo llamo ondulaciones de un caminar ebrio. Dicho en plata: estamos borrachos, todos. —  a partir de la revolución conservadora en los 80, con los postmodernos y su desprestigio de los grandes discursos, los Chicago Boys y su conquista de la academia económica, sobrevino un claro rearme ideológico, sobre todo estético, de la derechona de toda la vida, que había esperado pacientemente escondida en sus trincheras. Y el desquite está siendo de órdago, con lo que aquí estamos, sacando la cabeza como se pueda a dar boqueadas cual lindo gatito en río de aguas bravas. No digo que haya habido un rearme ético, porque se aprecia la falta de preocupación que esa materia inspira en los grandes portavoces del “movimiento”, que se limitan a descalificar al contrario con apelativos de ingenuidad o “buenismo” sin intentar – más allá de la cesión a las religiones más o menos cercanas – siquiera la construcción de un discurso mínimamente coherente en esa materia.

En este contexto en que nos movemos, pues aparecen por aquí y por allá algunos de esos listos, hablando de la Historia y sus batallas, para decirnos en resumen que somos víctimas de una agresión de la civilización islámica, que está en guerra santa contra nosotros, y que más vale que nos atemos los machos, porque muerden. Quede claro que para nada les desprecio, es más, a alguno disfruto y admiro en su obra, aunque crítico de nuevo, diferenciando sentido y sensibilidad. Debo reconocer que me duele un tanto su fatuidad y arrogancia, al considerar que ellos y sólo ellos hacen la adecuada lectura del gran libro, y que por tanto el resto parecemos no merecer mejor consideración que la de alumnos del montón. Consideran estos señores, en actitud de señorones, que estamos ante una guerra de civilizaciones que se viene luchando desde la batalla del paso de las Termópilas, entre 300 aguerridos espartanos de músculos depilados y aceitados y mirada lánguida bajo sus ceños fruncidos, armados de todo lo bueno en valores y perspectiva frente a los despreciables orientales, dueños de lo más depravado y abyecto del ser humano, malos malísimos, y feos como un demonio, dirigidos de paso por una encarnación de la “femme fatale”. No es que importe demasiado nada de lo que se pueda razonar: aquí lo único que importa son los míos contra los otros, como si los matices no importaran, como si la grosería del simplismo no fuera una sinrazón, sino un pesado argumento. Como si nada mereciera más reflexión que la barra del bar o la mesa del casino, o como si la Historia no pudiera ser y en sus manos sea sino terreno manipulable para justificar un discurso previamente establecido.

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Y claro, jode un poco que con semejante bagaje, encima, te miren por encima del hombro.

Me comentaba un reputado historiador recientemente que la Historia o es crítica o no es. Que aquellos que han explicado la Historia como relato han facilitado que cada uno lo adapte a placer a sus intereses, y eluda la responsabilidad del análisis de causas, factores, y sobre todo, de consecuencias. En esa concepción resulta muy fácil hacer un traslado descontextualizado de los relatos históricos, y uno se pone a comparar las migraciones actuales con las invasiones bárbaras del Imperio Romano o con la caída de Constantinopla.  Así, sin mayor escrúpulo intelectual (lo que viene siendo con dos cojones). Y a pesar de que quienes están dando el salto mortal por encima de la más elemental lógica son ellos, se las dan de listos, y te mira como con lástima pensando “pobre ignorante”.

Claro que, aquí los buenistas, tan tontitos nosotros, resulta que nos gusta pensar un poco más las cosas, no hacer comparaciones a lo bruto, y analizar sin tomar partido previo ni miedo a asumir alguna responsabilidad, tomando en cuenta los muchos factores que con el transcurrir de la Historia no sólo cambian los acontecimientos, sino que son capaces de cambiar las más profundas concepciones de los hombres, incluso al Hombre mismo. Quizá sea ese el quid de la cuestión.

La aparición de una minoría ultrafanática en el Islam capaz de autoinmolarse se puede interpretar de dos maneras: la complicada, como una anomalía fruto y consecuencia de la humillación constante durante los siglos XIX y XX de las poblaciones árabes, de las que sólo ha sido la última gorda la creación de un Estado judío para limpiar la conciencia de Occidente y claro, no en territorio europeo, precisamente, sino en donde vivían en paz unos milloncejos de árabes; la esquilmación de sus recursos naturales en un colonialismo voraz que sólo se permitió largarse dejando una estela de reyezuelos y/o dictadores encargados de sostener los intereses de la antigua metrópoli; el boicot a través de esos mismos dictadores al proyecto panarabista, y poned aquí todos los etc. que os guste, porque hay para dar y vender. O la simple, como una manifestación de que el Islam es una religión de bárbaros sencillamente porque no es la nuestra.

Y esto es sólo un ejemplo, que podría poner más. La ventaja de la segunda interpretación es que es simple. Cualquiera la entiende, y además no hace falta esfuerzo para entenderla, así que se vende sola.

Cuando a los españoles, por buscar un ejemplo cercano, nos invadieron unos cuantos franceses alardeando ser más guapos y listos y diciendo que teníamos que aprender a gobernarnos como ellos, nos entró semejante globo patrio y la liamos tan parda que el invencible ejército napoleónico tuvo que salir por piernas, corrido y un tanto acojonado. Y esos mismos que tanto se enorgullecen de la reacción de nuestros antepasados, se extrañan de lo que pasa con otros a los que estamos todos los días y a todas horas pisoteándoles donde más duele.

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(Abro un largo paréntesis, lamentablemente necesario: Por supuesto que no se trata de justificar nada, sino de explicarnos las cosas a nosotros mismos para tomar medidas que nos impidan no sólo repetir errores, sino también repetir algunos “éxitos” que se nos venden como tales pero no pasaron en el mejor de los casos de victorias pírricas. Errores frecuentísimos en la Historia, se nos venda como se nos venda: solucionar las cosas a tortas, contemplarlo todo en un ellos o nosotros, confundir la unidad con la uniformidad, medir mal el daño de las palabras y pensar que se las lleva el aire… Y quiero que se me interprete bien: esto último vale para tirios, troyanos, romanos, cartagineses, mesetarios, montañeses, costeños e interiores, diestros y zurdos.)

Depende del análisis que se haga, serán las soluciones que se intenten poner. Digo se intenten, porque tarde se llega siempre, pero mejor que nunca.

Todo depende en suma, como adelantaba cuando hablaba del quid, de si concebimos que la Historia es capaz de hacer mejor al ser humano. Al Hombre (perdón por utilizar la acepción de la RAE inclusiva de todo el género humanos, varones y mujeres, ni de hablar de hombre/a, pero es que esa palabra tiene unas connotaciones que no se hallan en ningún sinónimo), no a cada hombre o mujer, sino al género en su conjunto. De hacerle al menos más consciente, o sólo es capaz de avisarnos de nuestro propio salvajismo, lo que tiende a situarlo como ajeno. No negaré que los que se inclinan por la segunda opción tienen argumentos de peso: ahí están Auschwitz y Srebenica. Pero renunciar a la primera opción supone un abandono de la concepción del ser humano como tal, no instalado en un progreso necesario, ¡qué va!, sino simplemente como alguien mejorable.

¿Hay una guerra, entonces? Al final resulta que sí que va a ser cierto que la hay. Pero los bandos no son los que se piensa, y mucho menos los que esos botarates con ínfulas han prescrito en su simplismo grosero. No son distintas civilizaciones enfrentadas, ni tan siquiera la más antigua de las guerras entre ricos y pobres, ni entre naciones. Probablemente sea una guerra más vieja que todo eso, entre los que se explican la Historia con gafas metahistóricas y los que la intentamos entenderla críticamente y con sus propias claves. Los que llegan a conclusiones de hostilidad sin importarles una higa la justicia ni sus dignidades, porque al fin y al cabo se trata de salvar lo nuestro, o los que creemos que las soluciones o son para nuestros viznietos y los de los demás o no son soluciones. Simplificando mucho, sería una guerra entre los que piensan que el ser humano está hecho de una pieza de barro en el día sexto del génesis y ya no lo cambia ni Dios, y los que creemos que ese mismo ser evoluciona, aprende de sus errores, mejora, dando tumbos ciertamente (borracho, ya dije), y mejora más deprisa en la medida que sea capaz de creer en sí mismo y de hallar en sus congéneres un apoyo mutuo.

Y en esa guerra, esos intelectuales bien pagados de la derechona, por mucha fatuidad con que se adornen, por mucho que nos llamen estúpidos o buenistas o lo que les salga de su ilustrada pluma, les guste o no, lo reconozcan o no – que no lo harán — están en el mismo bando que cualquier gilipollas que se autoinmola en el nombre de Dios.

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